¿Y si señalar no fuera de mala educación?

Escrit per Bru Papell. Posted in Blog

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Elefante africanoSeñalamos aquello que nos gusta, y también lo que no nos gusta. Señalamos para que otros se fijen en lo que estamos viendo. Y usamos el mismo gesto para acusar y para reprender con severidad. Cuando señalamos comunicamos, y parece que la capacidad para comprender dicha comunicación va más allá del género humano.

Hace unos meses un titular de la selección de artículos del New York Times que publica semanalmente El País me llamó la atención: «¿Tienen los elefantes la capacidad de señalar?». El artículo, cuya edición original podéis consultar aquí, se hacía eco de una investigación según la cual los paquidermos serían capaces de entender el acto humano de señalar con el dedo.

El experimento realizado es un clásico para evaluar dicha capacidad: se esconde una recompensa ―normalmente comida― en un recipiente opaco sin que lo vea el animal y luego se le muestran diversos recipientes iguales, pero con el experimentador señalando únicamente el que contiene la recompensa. Le toca al animal elegir, tal y como muestra este vídeo realizado por los autores de la investigación.

Ante esta prueba, los elefantes acertaron casi el 70% de las veces, lo que no está nada mal. Pero siempre hay aspectos discutibles: el experimento se hizo con paquidermos que estaban acostumbrados a los humanos, puesto que eran propiedad de una empresa que los usa como montura en safaris.

¿Se hubieran obtenido los mismos resultados con animales totalmente salvajes? El experimento sería bastante más difícil de llevar a cabo, pero quién sabe. De hecho, los autores del estudio, de la Universidad St. Andrews, quieren continuar realizando estudios para ver si estos animales tan sociales usan la trompa para señalar en su ambiente natural. Quizá usar el gesto entre ellos facilita su comprensión cuando otra especie lo usa también, aún cuando se realiza con partes del cuerpo tan distintas como la trompa de un elefante y el dedo índice de una persona.

Ejemplar de border collieTodo es empezar y ver qué ocurre. De confirmarse, los elefantes pasarían a engrosar un exclusivo club en el que compartirían protagonismo con muy pocos animales. Parece que no estarían entre ellos los grandes primates. Los chimpancés, por ejemplo, no puntúan tan bien en este tipo de test, aunque hayan sido criados en contacto con humanos. En cambio, los perros sacan matrícula de honor: entienden nuestro acto de señalar casi a la primera.

El Departamento de Etología de la Universidad Eötvös Lorand (Budapest) es muy activo en este tipo de análisis y ha realizado experimentos similares con perros. Los resultados son sorprendentes incluso a la inversa. En una situación en la que es el can el que debe indicar a su dueño dónde está escondida la recompensa, los investigadores observaron que los perros hacían todo lo posible para comunicarse, como por ejemplo, mirar fijamente y de forma alterna a su propietario y al objeto que escondía la recompensa. Y es que indicar una dirección con la mirada es otra forma de señalar.

El razonamiento que se esconde tras este comportamiento canino sería comparable, según algunos investigadores, al que realiza un niño que está aprendiendo a pedir lo que quiere o a fijar nuestra atención en lo que ve. Al menos mientras no son capaces de verbalizar, los niños usan el dedo índice a diestro y siniestro, y a los adultos nos parece la mar de normal. Pero que otras especies animales sean capaces de llevar a cabo razonamientos similares eso ya nos parece harina de otro costal.

El índice es uno de los dedos más versátiles de la mano humanaA medida que vamos creciendo nuestro acto de señalar adquiere matices, se perfecciona y se diversifica. Quien es capaz de desgranar con maestría la cantidad de información que un acto tan simple y aparentemente banal como señalar puede conllevar es Raymond Tallis. En su libro Michelangelo's Finger (Atlantic Books, 2010) dedica unas 150 páginas a argumentar con habilidad por qué apuntar con el dedo es tan importante.

Según este médico y pensador británico, los humanos utilizamos el dedo índice para comunicarnos de una manera tan rica y variada que solo lo supera el lenguaje. Ante semejante versatilidad, averiguar que algunos animales, como perros, gatos, delfines, focas y quizá elefantes, sean capaces de desentrañar aunque solo sea unos pocos de estos actos comunicativos resulta, cuanto menos, extraordinario.