¿Venciste, Galileo?

Escrito por Bru Papell. Posted in Blog

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Galileo Galilei by Ottavio Leoni Marucelliana postEsta semana se ha inaugurado en Valencia la exposición Darwin y Galileo a través del cómic. Trabajos de ilustración de Jordi Bayarri, organizada conjuntamente por la Universitat de València y el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC). Es, sin duda, una propuesta interesante para acercar las aportaciones de dos pesos pesados de la ciencia a los más jóvenes.

Sin embargo, la mención a Galileo me ha hecho recordar a Piergiorgio Odifreddi, un matemático y divulgador italiano a quien entrevisté hace un par de años. Se trata de un apasionado ensayista, tanto sobre matemáticas como sobre historia de la ciencia, y es también muy crítico con todo lo que va en contra de la razón. No en vano, es ateo hasta la médula.

Odifreddi publicó en 2009 un libro dedicado al mítico astrónomo pisano, quien sufrió el acoso de la iglesia por sus pruebas a favor del modelo heliocéntrico. Lo tituló Hai vinto, Galileo! ―no he encontrado edición en castellano―, haciendo un juego de palabras con la frase “Vicisti, galilee!” que, según la leyenda, habría pronunciado el último emperador romano que combatió el cristianismo, Juliano "el Apóstata", ya herido de muerte y en clara referencia al mesías.

Y es que el cristianismo acabó imponiéndose, pero también Galileo, puesto que al final resultó que los postulados heliocéntricos eran los ciertos. No cabe duda que el pisano es uno de los científicos más importantes de la historia, pero parece ser que su comportamiento como persona dejaba que desear.

Según Odifreddi, Galileo era el paradigma de persona que no se compromete, que bailaba al son que le convenía, por lo que, en este aspecto, era un mal ejemplo. “Fue un gran científico, pero no un gran hombre”, me dijo tajante. Claro que la contraposición a Galileo fue Giordano Bruno, quien mantuvo su postura y sus ideas heréticas, y murió en la hoguera en 1600. Visto cómo las gastaba la Inquisición, el pisano decidió retractarse, lo que no resulta difícil de comprender.

Pero parece que el bueno de Galileo no renunciaba al compromiso únicamente para salvar la vida. Según Odifreddi, en su etapa en la Universidad de Padua estuvo con una mujer con la que tuvo tres hijos, pero se negó a casarse con ella. Y, de hecho, hizo un contrato privado por el que se le eximía de cargar con su descendencia si sus quehaceres científicos le llamaban a cualquier otro lugar.

Y así lo hizo. Cuando el deber le llamó de nuevo a Florencia, Galileo abandonó a sus dos hijas y a su hijo en Padua. En esa época, para un niño aún había alguna oportunidad pero para las chicas la solución fue internarlas en un convento. El divulgador italiano me contó que una de las hijas siempre fue desdichada por haber tenido un padre tan terrible. En cambio la otra, Celeste, se mantuvo cercana a su progenitor cuando la necesitó, y le atendió cuando estaba enfermo hasta que murió.

Quién sabe, quizá al final de sus días Galileo aprendiera una lección de humanidad gracias a una buena profesora, su propia hija.