Controlar el paso del tiempo es posible

Escrito por Beatriz Barco. Posted in Blog

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Abiertos al camino¿Os habéis preguntado alguna vez por qué el tiempo parece acelerarse a medida que nos hacemos mayores? Inmersos en la tediosa rutina cotidiana, los días se hacen eternos y, sin embargo, las semanas, los meses y los años van a toda pastilla, dejándonos con la desagradable sensación de que la vida nos pasa por delante sin que nos demos cuenta, y en un pis pas nos hemos hecho viejos!

Y, sin embargo, cuando éramos niños los veranos eran deliciosamente interminables y teníamos la sensación de que los años pasaban lentos y estaban llenos de cosas.

Esta percepción de tiempo tan distinta entre la vida infantil y la adulta la compartimos todos y no es una simple impresión, sino que tiene un sustrato fisiológico. Es decir, tiene una explicación científica. Nuestro cerebro procesa la información del día a día de forma distinta ahora que en nuestros primeros años de vida. ¿Y por qué ocurre esto así? Pues por un motivo muy sencillo, que explica el psicólogo holandés Douwe Draaisma en su libro Why life speeds up when you grow older. Cuando éramos niños todo era nuevo, cada día contenía información relevante para el aprendizaje. El mundo estaba lleno de sorpresas, agradables y desagradables, y nuestras neuronas debían gestionar toda la información que les llegaba, asimilarla y entenderla, y construir con ella un modelo de cómo eran las cosas. Así aprendíamos a vivir. Y como todo era nuevo, cada recuerdo era único, rico, intenso. La mente estaba siempre alerta.

Después... bueno, después ya sabemos todos lo que pasa. La vida adulta, en general, suele ser más aburrida y nos acostumbramos a repetir las mismas escenas día tras día. Vamos con el piloto automático y nuestro cerebro está medio dormido, desmotivado, cansado de procesar una y otra vez la misma información. Nos cuesta ver las cosas de forma distinta, perdemos la curiosidad por lo nuevo, nos acomodamos y dejamos que pase el tiempo sin pensar más.

Pero no nos deprimamos. Esta desidia tiene solución! Podemos recuperar la ilusión que teníamos de niños y la capacidad de disfrutar del tiempo de una forma más pausada, más intensa. Es lo que hacemos, en realidad, cuando nos vamos de vacaciones. Una semana fuera de casa vale un año de rutina diaria, verdad? Cuando volvemos, aunque hayan pasado apenas siete días, tenemos la sensación de que ha pasado mucho más tiempo. Nosotros hemos cambiado. El viaje nos ha cambiado. Hemos estado en un entorno totalmente nuevo, impredecible, rico, sorprendente. Hemos cogido aviones, visitado otros países, escuchado otros sonidos, visto otros paisajes. Y todo eso nos ha cambiado porque ha hecho que nuestro cerebro, como cuando éramos niños, se ponga las pilas.

La curiosidad, la novedad y la sorpresa, son el mayor alimento de nuestra mente. Si queremos vivir vidas plenas, si queremos recuperar esa sensación de intensidad que teníamos en la infancia, lo único que tenemos que hacer es estar abiertos al cambio, hacer actividades diferentes cada día, luchar contra la repetición. Buscar la manera de que cada día sea diferente. El tiempo, así, se llenará de recuerdos y se expandirá, como ocurría de niños.